Uno de los vecinos del segundo piso es un señor ya mayor, que vive solo. Y vive solo fundamentalmente por dos motivos: el primero, que su mujer murió hace cosa de un año. El segundo, que sus hijos pasan de él totalmente.

El pobre hombre perdió lo que le quedaba de cabeza el día que murió su mujer. Se dejaba la puerta abierta de casa, mientras estaba él dentro, y cuando le avisabas te decía que ojalá entrara alguien a robar y lo matara. Un vecino comenta que lo vio el otro día emprendiéndola a paraguazos con el cajero automático. Al parecer se le olvidó el PIN de su tarjeta y el cajero se la tragó. En resumen: tiene la cabeza en las nubes y no está como para vivir solo. Pero sus hijos no parecen muy preocupados por lo que pueda pasarle.

Hoy ha puesto una sartén al fuego, se ha olvidado de ella (o eso queremos creer) y se ha ido de casa a dar una vuelta. Total, que ha salido la cocina ardiendo. Por lo menos hemos tenido espectáculo gratis; eso sí, no me he atrevido a preguntarles a los bomberos y a los policías si se han divertido mucho tirando la puerta abajo y corriendo para apagar la cocina.

El descansillo huele un poco a quemado. A Thor no le gusta.